
La regla de oro del invierno es que la alerta ha de ser máxima cuando se registran o se prevén temperaturas bajo cero. Cuando el termómetro entra en la franja negativa es cuando surge la posibilidad de que se forme hielo en la calzada, el mayor enemigo de los conductores y los vehículos. Las peligrosísimas placas de hielo tienden a formarse en la umbría (tramos o puntos con sombra permanente al atravesar zonas boscosas), debajo de los puentes y en los cruces e intersecciones de caminos. Una de las señales que pueden alertarnos de que tal vez haya hielo en la carretera es que empiece a aparecer hielo en los espejos del interior de la cabina o cuando el paisaje está cubierto de escarcha y la carretera tiene aspecto de estar mojada o muy húmeda.
En casos de hielo, firme resbaladizo, lluvia muy intensa o mala visibilidad se recomienda conducir con la vista al frente y enfocada lo más distante posible y así disponer de un mayor campo de visión, evitando el temido efecto túnel. Esta medida lleva consigo también aumentar la distancia de seguridad con el vehículo que nos precede para poder actuar con anticipación en caso de emergencia, como una pérdida de adherencia en los neumáticos o un patinazo. También se recomienda agarrar el volante con firmeza para que el hielo o una fuerte ráfaga de viente no desplace al vehículo fuera de la calzada. Así, los movimientos del volante deberán ser especialmente firmes y precisos, evitando cualquier tipo de brusquedad que provoque que el viento o el hielo se apoderen del control del camión.

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